21 de julio de 2018

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Tato Bores y la Prevención (2º parte)

En realidad en la Argentina de aquella Á¨poca, se decía que terminarían con la improvisación en el tema prevención de riesgos en las empresas. Los argentinos, ilusos como siempre creyeron que era muy buena, no tardaron mucho en darse cuenta que sólo era negocio para algunos, o mejor dicho para algunas”¦ ART .

Recordarían además que en años anteriores se encontró que las empresas no cumplían con la prevención en un 97 %, lo cual era un horror y se prometía en otro papiro que se llamaba pomposamente “Plan de Mejoramiento“, que en un lapso de veinticuatro meses se harían cumplir, eso era lo que se prometía y por supuesto no se cumplió. Pero fue muy útil para las ART ya que lo usaron como caballito de batalla en el marketing de venta.

A nivel internacional tampoco la Argentina se caracterizaba por su cumplimiento en diversas materias y tampoco en prevención de riesgos. Se supo posteriormente de acuerdo a sesudos estudios realizados con el carbono 14, constatados posteriormente con el carbono 28, (que era el doble de seguro) que de los más de veinte Convenios sobre Salud y Seguridad en el trabajo que la OIT dictó en el siglo veinte, la Argentina no ratificó ninguno, poniendo en evidencia de esa manera la inveterada costumbre de este país de no cumplir con lo que corresponde.

Los científicos, curiosos por naturaleza ante esa cultura extraña, trataron de entender cuántos eran y cómo estaban conformados los distintos sectores o “grupos“ que actuaban en la prevención de los riesgos del trabajo, que a veces eran beligerantes entre sí y muy egoístas, siempre dispuestos a imponer sus puntos de vista y renuentes a entablar un diálogo profundo de las causas generales de la falta de prevención, para así encontrar una solución común que sirviera de manera general a todas las partes.

Primeramente encontraron que el grupo más afectado por la falta de prevención era el denominado “grupo de empleados“, que se pintaban a sí mismos con una pintura muy especial.

El jefe de la expedición escribiría asombrado, informes como éste: “No podemos dejar de describir algo que nos desconcertó, y es el hecho de que en los lugares denominados fábricas aún teniendo los elementos de protección para que los empleados los usaran, éstos no lo hacían, por que estaban pintados con una pátina especial de los argentinos que denominaban “viveza criolla“.

Estos “grupos de empleados” creían que de esa manera eran más “inteligentes”, sin saber que caían rápidamente bajo los riesgos del trabajo, por no haber adoptado los consejos pertinentes.” 

Había otro grupo de personas, denominados “sindicalistas“, que eran los representantes de los empleados, en entidades llamadas “gremios“, en las que cobraban buenos dividendos a sus asociados, que en muchas ocasiones y en especial en la llamada industria de la construcción, mandaban a trabajar a sus compañeros sin los elementos de protección correspondiente, claro que ellos recibían, para “mirar para otro lado“, unos emolumentos no tan raros en la época y muy común en Argentina, que vulgarmente se denominaba “peaje“.

En otras viejas “memorias“ pertenecientes a organizaciones “sindicales”, se encontraron que se exigía que se le diera a cada obrero un litro de leche para “paliar”, los riesgos de ciertos tóxicos que se usaban en el trabajo.

Se señalaba eso como una conquista social del siglo veinte, pero que cincuenta años mas tarde se seguía exigiendo lo mismo, aún cuando ya se sabía que lo único que hacía la leche era aportarle calcio al individuo, pero con respecto al tóxico no lo protegía. En algunas empresas se lo seguía haciendo porque de esa manera los “sindicalistas“, demostraban que se interesaban por sus representados y los “empleadores“, hacían como si de verdad les interesara la salud de sus empleados y además le salía barato cumplir con la ley.

Los únicos beneficiados de esta medida, en buena hora, eran los hijos de los “empleados”, que era quienes en definitiva, se la tomaban.

Mañana la seguimos”¦

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