14 de diciembre de 2017

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Advierten por enfermedades vinculadas a los agroquímicos

Ee conoció una investigación realizada por el Conicet y otros organismos que dan cuenta de la presencia de herbicidas y de la manera en que se acumulan en los campos argentinos. Ocurre que tomaron como ejemplo muestras realizadas en Urdinarrain tiempo atrás y como resultado se constató que la concentración del glifosato está entre las más altas a nivel mundial. Especialistas y otros estudios hablan de la preeminencia de determinadas enfermedades en la región.

El informe en cuestión fue realizado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental (Emisa) vinculados a la Universidad de La Plata (UNLP). El trabajo dio cuenta de que el herbicida glifosato que se aplica en la práctica agropecuaria no desaparece de los campos pasado el tiempo, sino que dada la enorme cantidad pulverizada y la afectación de los microorganismos encargados de su degradación, el producto se acumula en la tierra.

Fue en el blog de Patricio Eleisegui en donde se dieron a conocer los resultados de la investigación que fueron publicados por la revista internacional Environmental Pollution. Desde el portal, también se conocieron en otros momentos, varios resultados científicos vinculados a la temática.

El estudio en cuestión, sujeto a muestras tomadas en lotes ubicados en Urdinarrain, sostiene que la concentración de glifosato constatada en esa zona se encuentra entre las más altas a nivel mundial. El equipo de científicos también ubicó rastros del herbicida en aguas de superficie, aunque a niveles más bajos que los comprobados en el suelo.

Conocido el hecho UNO consultó a Damián Verzeñassi, quien está a cargo del Instituto de Salud Socioambiental en Rosario, está al frente de la Práctica Final Obligatoria (PFO) de la Universidad de esa ciudad santafesina y a través de estas tareas llevó adelante más de 30 campamentos sanitarios, varios de ellos en ciudades entrerrianas, como también investigaciones vinculadas a la temática, entre otros desempeños.

Ha encabezado campamentos en Bovril y un trabajo en San Salvador que están terminados y según contó, restan los resultados de otro campamento hecho en Basavilbaso y del que esperan tener listos los datos en los próximos meses.

Entre sus observaciones preliminares, a horas de conocido el resultado del informe, sostuvo: “La presencia de la química en el territorio –en el agua, el aire y la tierra– da cuenta de que quienes viven en la zona están expuestos y se incrementan los riesgos de enfermedades asociadas, reconocidas por la Organización Mundial de la Salud, y otras que están en discusión. El glifosato está clasificado como cancerígeno”. También habló de las controversias vertidas por agencias de países vinculados a la industria como Estados Unidos y Alemania. De todos modos reafirmó: “Hay enfermedades asociadas a la química”, y agregó: “Los resultados en la región nos muestran la presencia de hipotiroidismo, otras vinculadas a la estructura glandular y neurológica que llaman la atención. El hipotiroidismo aparece como una enfermedad crónica más frecuente y se plantea como la segunda enfermedad en cantidad, cuando a nivel nacional esto no ocurre así”.

También habló de la preocupación de sectores científicos a nivel nacional por la presencia de enfermedades oncológicas que pueden asociarse a la exposición de estas sustancias.
“Las enfermedades están presentes en la población y si la química está en semejantes niveles en el territorio, es muy probable que exista un riesgo importante”, sostuvo.

También habló de los herbicidas en los alimentos, con estudios realizados y no solo del glifosato, sino de otros que llegan al plato sin que nadie avise. Incluso señaló que se detectó tiempo atrás la presencia del glifosato en las aguas del río Paraná, y se preguntó cuáles fueron los tratamientos, desde entonces, para evitar que esa contaminación llegue al vaso de todos los días. “Esto puede generar pánico o puede convocar a quienes deben dejar de hacerse los distraídos y con pasos específicos revertir la situación”.
Para Verzeñassi, datos como los de la investigación tienen que ser conocidos por la población porque no es solo un problema de las escuelas fumigadas.

Argentina es uno de los países con mayor consumo de glifosato en el planeta, en términos de cantidad de población. Se conoció por ejemplo, que Estados Unidos usa por año 136 millones de litros y promedian 0,42 litros del herbicida por habitante; mientras que en el país se consumen 187 millones, lo que implica 4,3 litros por cada persona anual. El glifosato muestra afinidad por las matrices sólidas, esto es, suelo y sedimentos. No se detectó concentración en aguas subterráneas, concluyó el estudio que además recomendó la revisión de las prácticas agrícolas.

Fuente: unoentrerios.com.ar

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